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OPINIÓN

No podemos, no debemos dejar de lado lo sucedido en el estado de Guerrero donde un grupo de delincuentes balearon el autobus del equipo que participa en el grupo VI de la tercera división Avispones de Chilpancingo, luego de que este equipo derrotara 3-1 de visita al Iguala F.C y regresara a su casa la capital del estado, Chilpancingo.
En estos hechos perdio la vida por disparos de arma de fuego el futbolista en ciernes de escasos 15 años de edad, David Josue Evangelista, un joven que como todos los que participan en la divisiones menores sueñan con poder llegar a la primera división y compartir vestuario con sus idolos.
Las versiones son varias y variadas, desde la que su afligido padre Víctor Manuel García ofreció a los medios sobre de que se trato de una venganza por apuestas sobre el partido donde los perdedores tomaron venganza.
El presidente del equipo, Facundo Serrano, dice desconocer ese hecho ya que en el estadio no se vió a los aficionados enfurecidos o molestos por la derrota o que se sintieran afectados por el resultado.
El presidente del conjunto se trasladaba junto al equipo en el mismo camión y dijo no ver si se trataba de un reten cuando viajaban por el paraje Santa Teresa, que solo empezaron a escuchar las detonaciones de las armas.
Una situación lamentable que deja a un joven muerto, a un entrenador grave y a otro joven jugador convaleciente.
La Federación Mexicana de Fútbol debe preguntarse.
¿Que hacer con estos equipos de escasos recursos que deben viajar por carretera en estados que son peligrosos y conflictivos?.
Imaginese usted, son catorce grupos de equipos de tercera división y cada grupo tiene hasta catorce equipos, sin tomar en cuenta la segunda que viaja igual.